Senior Cohousing: el futuro de la residencia geriátrica

POR JUAN CARLOS ALCAIDE

Uno de los efectos más importantes y llamativos de la crisis del coronavirus que se llevó a tantísimas personas mayores en residencias de mayores, tanto en España como en otros países, va a ser la revisión del modelo geriátrico, en general, y de los centros de mayores, en particular. Hemos visto, como no podía ser de otra manera, una encendida defensa por parte del sector de su modo de gestión de la crisis, pero lo cierto es que se habla del fin de las residencias tal y como se concibieron y evolucionaron en el pasado siglo XX y en los primeros veinte años de la actual centuria.

A la crisis de la COVID, entre otros factores, cabría añadir otros revulsivos situacionales que ponen en jaque al actual modelo geriátrico basado en residencias y centros de día. A saber:

  • Hay una importantísima crisis económica que hará replantearse un modelo en el que sigue habiendo falta de “camas” (en el sector se sigue hablando con este lenguaje que, en mi opinión, denotaría una exclusiva orientación sociosanitaria). Hacen falta “camas”, pero las residencias no se “llenan” porque el precio no se puede pagar por amplias capas de la población, como expuse en mi libro Silver Economy. Mayores de 65: el nuevo target (LID Editorial). 
  • Hay una crítica al modelo económico de las residencias. Se critica que su propiedad estaría, supuestamente, en manos de empresas no preocupadas por la salud o el bienestar de los residentes, sino del lucro y rentabilidad neta de la inversión, dado el predominio de esta propiedad “sin alma”: los fondos de inversión y SOCIMIS.
  • Predomina la discriminación de los mayores y el edadismo. Está en el aire la necesidad de humanizar más el modelo y se habla insistentemente (lo que me resulta paradójico, a estas alturas) del modelo de “atención centrado en la persona”, que se estaría imponiendo. ¿En qué estaba centrado el anterior (modelo)?
  • El modelo de residencias está cuestionado, en cierto modo, por su modelo de gestión. Uno contrata algo parecido a un hotel (se esmeran en decir “no curamos, cuidamos”). Se contratan espacios privados reducidos (habitaciones, con sus “camas”), con (en general) horarios rígidos para comidas, escasas, y no siempre participativas actividades, con servicios estancos predefinidos con un alto precio (o precio percibido) para una población cautiva. Residencias cuyas “normas” son impuestas por los dueños y donde es difícil (por más que se indique en los folletos) “sentirse en casa”, dada la incapacidad de decisión de los residentes sobre aspectos centrales de sus vidas. 
  • No existe independencia o la autonomía es limitada; las personas mayores llevarían, según sus críticos, una vida esencialmente pasiva, esperando la pérdida de autonomía o el final-final: la muerte.

En este contexto, en mi opinión, se pone en el epicentro del debate un modelo, el Senior Cohousing.

El término cohousing es un neologismo ideado por los arquitectos McCammant y Durrett en los años 80 del pasado siglo para designar el modelo residencial de viviendas colaborativas, (CO-llaborative HOUSING), un tipo de comunidades auto promovidas y auto gestionadas por sus propios residentes y participando en actividades colectivas. Y, en mi opinión, es un modelo  que va a eclosionar, va a tener una previsible crisis de éxito, debido a varias razones:

  • Estaría, como decimos, “orientado a la persona”. Es un lugar donde se va a vivir, no donde se va a morir, como quizá sean, al menos según algunos, y ahora, las residencias.
  • Estaría alineado a tope con la prevalente orientación del envejecimiento activo y partipativo, que enaltece la socialización y la interacción entre mayores e intergeneracional.
  • Hay una crisis económica que lleva a que muchas personas se planteen como licuar “desde pronto” su patrimonio para buscar soluciones vitales, divertidas y no tan relacionadas con la dependencia, buscando una vida en plenitud con otros semejantes.
  • En el mundo residencias, se sigue hablando de camas, lo cual indica que el sector de residencias tiene un formato sanitario, asistencial, no de estilo de vida.
  • La evolución de la crisis hace prever que:
    • Muchos fondos, de los que ahora poseen residencias y otros nuevos, incursionarán en el Senior Cohousing; llegarán a la geriatría nuevos actores del mundo de la inversión a través de este modelo.
    • Muchos hoteleros transformarán sus modelos en “ageing friendly”, con enfoques de larga estancia, en algunos casos, y de estancia permanente, tanto en hoteles de sol y playa como en otros urbanos. España está llena de hoteles en venta y ya vemos movimientos en este sentido.
    • Es de prever que habrá proyectos de “nueva planta”, nuevas urbanizaciones, aldeas, todo tipo de enfoques, pero habrá un predominio, por la situación económica creada vía el COVID, de la transformación hotelera.

El Senior Cohousing es, en consecuencia, la aplicación del modelo colaborativo para ofrecer soluciones habitacionales a las personas mayores. Bien es cierto que es ideal para adultos activos, no “muy mayores”. Entre 50 y 70 años. Ideal hasta los ochenta u ochenta y cinco años.

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