La paradoja de Moravec y la Silver Economy

POR JUAN CARLOS ALCAIDE

¿Por qué habrá mucho trabajo en el sector de los cuidados para mayores?

Las personas que estamos más o menos cercanos al mundo de la tecnología tenemos plena conciencia de que los empleos vinculados a rutinas mecánicas  se están automatizando a gran velocidad.

Todo lo que se pueda automatizar, será trabajado por robots. Pero será mucho más difícil sustituir a los humanos por máquinas en tareas menos rutinarias, que exijan el uso simultáneo de un amplio espectro de habilidades y que impliquen tener que afrontar situaciones imprevistas, tomar decisiones sobre la marcha, tocar, acariciar, manejar situaciones con emociones y reacciones gestuales.

Reflexionemos sobre la atención sanitaria, por ejemplo. Muchos médicos se ocupan, de manera casi exclusiva, a procesar información: recaban datos médicos, los analizan y emiten un diagnóstico. Nótese que no hablamos, exactamente, de un trabajo rutinario, si no intelectual; pues bien, es susceptible de ser mecanizado, automatizado. «La inteligencia artificial va a cambiar la manera de ser médicos», apuntaba ya el doctor Andrés Cervantes, jefe de oncología del hospital Clínico de Valencia. 

Ya hay evidencias también de que la inteligencia artificial (IA) logra superar a los médicos diagnosticando cáncer, entre otras enfermedades, en las primeras etapas de la enfermedad. La tan cacareada «intuición humana» o el “expertise” o “pericia” de un profesional de la medicina o cualquier servicio profesional es, en realidad «reconocimiento de patrones». Los buenos médicos, consultores o abogados no tienen intuiciones mágicas, sino experiencia basada en patrones: algo susceptible de ser automatizado.

Como nos explica Yuval Noah Harari, “los humanos tienen dos tipos de capacidades: la física y la cognitiva”. En el pasado, las máquinas competían con los humanos principalmente en las capacidades físicas en bruto, mientras que éstos tenían una enorme ventaja sobre las máquinas en cuanto a cognición. De ahí que cuando los trabajos manuales en la agricultura y la industria se automatizaron, aparecieron nuevos empleos de servicios que requerían capacidades cognitivas que solo los humanos poseían: aprender, analizar, comunicar y, por encima de todo, comprender las emociones humanas. Sin embargo, la IA está empezando ahora a superar a los humanos cada vez en más de estas capacidades, entre ellas la comprensión de las emociones humanas. No así en habilidades motoras y en el uso del tacto: doblar ropa, poner un vendaje…

Los enfermeros y los cuidadores, en general, necesitan también buenas habilidades motoras o motrices y emocionales a fin de administrar una inyección dolorosa, cambiar un vendaje, calmar a un paciente nervioso, tratar con la preocupación o la ansiedad de una persona… De ahí que quizá tengamos una IA médic@ de cabecera en nuestro teléfono inteligente o podamos resolver dudas con una videollamada con un médico, sin que exista un robot enfermero o un cuidador de mayores fiable.

La paradoja de Moravec es el descubrimiento en el campo de la inteligencia artificial (IA) y robótica de que, de forma anti intuitiva, el pensamiento razonado humano (el pensamiento inteligente y racional) requiere relativamente de poca computación, mientras que las habilidades sensoriales y motoras, no conscientes y compartidas con otros muchos animales, requieren de grandes esfuerzos computacionales.

Hans Moravec (nacido en  1948, en Kautzen, Austria) es un investigador en robótica, en la Carnegie Mellon University, considerado un precursor del transhumanismo, y explica en Mind Children: The Future of Robot and Human Intelligence que:

Codificada en porciones sensoriales y motoras altamente evolucionadas del cerebro humano, hay mil millones de años de experiencia sobre la naturaleza del mundo y cómo sobrevivir en él. El deliberado proceso al que llamamos razonamiento es, creo, la capa más delgada del pensamiento humano, eficaz sólo porque se apoya en el más antiguo y mucho más potente, aunque por lo general inconsciente, conocimiento sensorial motor. Todos somos prodigios en áreas perceptivas y motoras, tan buenos que hacemos ver fácil lo difícil. El pensamiento abstracto, sin embargo, es un truco nuevo, quizás con menos de 100 mil años de antigüedad. Todavía no lo hemos dominado. No es del todo intrínsecamente difícil; sólo parece así cuando lo realizamos.

Por tanto:

“Es relativamente fácil conseguir que los ordenadores muestren capacidades similares a las de un humano adulto en un test de inteligencia o a la hora de jugar a las damas, y muy difícil lograr que adquieran las habilidades perceptivas y motoras de un bebé“.

La pandemia nos ha demostrado cómo las personas mayores necesitan, más que nunca, cuidados y atenciones.

Tanto es así que, incluso en el ámbito laboral del siglo XXI, el 25% del nuevo empleo es de sanidad y cuidado de mayoresNo cabe duda de que en el futuro próximo veremos importantísimos avances de la tecnología y la inteligencia artificial al servicio de los mayores, como yo mismo analizo en mis artículos

Sin embargo, creo que el futuro del empleo en el sector de los cuidados es bastante más prometedor (otra cosa es si nos metemos a analizar salarios u otras variables, como la formalidad en el empleo), dado que, todavía, por suerte en parte, por desgracia, por otro lado (sería una democratización del cuidado), no es previsible un avance en las próximas décadas de una robótica suficientemente eficiente para poder delegar en ella la gestión y manejo del cuidado de los mayores: requiere mucha emocionalidad y ayudar a un mayor dependiente a quitarse o ponerse la ropa, asearse o comer, no es algo que vayamos a ver en el corto plazo realizado por un robot.

Seguro que veremos robots e inteligencias artificiales (chatbots y todas sus variantes) conversar, entretener, facilitar información, actuar como “helper personal” con un sinfín de usos, muy beneficiosos, pero no asear o dar la comida, peinar o curar una herida.

Por eso es prometedor el sector de los cuidados; no visualizo otros muchos sectores en los que el impacto de la IA sea menor en términos de reducción de puestos de trabajo; y la demografía, sin embargo, será un claro generador de crecimiento de empleos.

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